Hoy nos parece natural, pero no siempre fue así. Aunque es difícil precisar el momento, los testigos coinciden en que la costumbre se estableció con la democracia recuperada, a fines de los ‘80s. Desde entonces la Plaza Italia se ha convertido en la zona en que se manifiestan todas las alegrías y frustraciones de los chilenos.
En abril del 2008, 15 mil personas marchaban exigiendo su “libertad de decidir” respecto al uso de la píldora del día después. Un mes más tarde, 50 personas disfrazadas de animales realizaban una performance por el rescate de sus “hermanos menores” de Chaitén. El primer día del 2009, alrededor de 300 miembros de la comunidad palestina en Chile repudiaron, con carteles y gritos, los ataques del ejército israelí en la Franja de Gaza. A comienzos de marzo, un grupo de 15 neonazis encendió velas, formando una svástica, en memoria de su compañero asesinado el 2007. Hace dos semanas, más de 3 mil personas festejaron el triunfo por goleada de Chile sobre Bolivia. Exigiendo, repudiando, rememorando o festejando, todas esas personas, de “más arriba” y de “más abajo”, llegaron hasta la Plaza Italia.
Matías Sagredo estudia educación diferencial en el Pedagógico y es el presidente de la Red de Estudiantes por la Asamblea Constituyente. Su lucha lo tiene esta mañana liderando una manifestación de alrededor de 300 participantes. Se trata de estudiantes secundarios, universitarios y apoderados, convocados en Plaza Italia para reclamar su “derecho a la educación pública estatal”. Pero, ¿por qué aquí? ¿Por qué no frente a la Moneda o al ministerio? Matías parpadea e improvisa una respuesta: “Eh… acá somos más visibles. Frente a la Moneda nos reprimirían rápidamente. Acá tenemos más posibilidades de escapar si algo sale mal”. Matías se ríe y señala los carros lanza agua, estacionados pero amenazantes.
Y no es raro que las cosas salgan mal. Desde su quiosco, a la salida del metro Baquedano, Fernando Araya lo ha visto suceder cientos de veces. En los años que lleva atendiendo el negocio -que antes fue de su padre- ha aprendido a reconocer el peligro y sabe perfectamente cuando es mejor enterarse de lo que pasó por la televisión, desde su casa. Recuerda la primera vez que se vio en el medio de una protesta. Eran los últimos años del gobierno militar y Fernando vendía fruta en lugar de diarios. “Debe haber sido el año ‘86. Estaba Arriagada, un demócrata cristiano. Él hizo un “sitting” acá en la avenida, se sentaron y entorpecieron el tránsito. Cuaaando aparece el guanaco y me moja ¡pero toda la fruta! Y era agua del río, ¿ah?. Menos mal que los plátanos tienen cáscara”, relata entre risas.
El espectáculo desde los Turri
No importa por quien vote en diciembre, la señora Alicia estará en las celebraciones del candidato ganador aunque no sea el suyo. Ella vive en los edificios Turri, justo en frente del monumento al General Baquedano.
La señora Alicia Núñez tiene 74 años y es la presidenta del comité de administración de los edificios más característicos de Plaza Italia. Llegó con su madre y un tío en el año ‘66. “En ese tiempo no habían estas cosas. No había este fútbol loco y tantas protestas que hay ahora”, cuenta. Aún le causa risa recordar cuando tuvieron que sacar a su tío, un señor muy “compuesto y formal”, de la fosa del metro en construcción: “Venía de tomarse unos tragos y se cayó. El pobre subió todo entierrado y más encima le llegó un tremendo reto de su hermana”.
Coincide en que las manifestaciones comenzaron después del gobierno de Pinochet. Desde la ventana de su dormitorio señala el punto exacto donde estaba el militar que la apuntó cuando ella se asomó con unos binoculares, pocos días después del golpe: “¡Casi me dio ataque! Entonces empecé a bajarlos lentamente, los anteojos. Esa fue mi reacción, lentamente y cerré la ventana”.
A la señora Alicia ya no la perturban las batucadas y los cantos de las barras. Es una mujer alegre que escucha música romántica, en su departamento lleno de libros y fotografías antiguas, y con una vida social activa. Hace un par de años, sus amistades la traían en auto de una salida, cuando se encontraron con los “azules” festejando y gritando “como malos de la cabeza”. “Se tiraron encima del auto y me hacían así por el vidrio –mueve las manos como saludando- y yo quede mirándolos no más -se apoya contra el respaldo sonriendo con los ojos bien abiertos-”. Bajó del auto sin problemas y subió rápidamente a su departamento en el octavo piso. Desde ahí vio como el guanaco barría con los hinchas sobre el capó del auto de sus amigos. La ataca la risa: “Se le habían subido para festejar ¡Se tiraban como pescados! No le hicieron nada, pero el chorro le lavó todo el auto”.
Los propietarios de los Turri compraron sus departamentos a la Caja de Previsión de Empleados Particulares hace más de 50 años. Muchos de ellos se cambiaron cuando “el barrio alto” se trasladó más arriba, hacia Providencia y Las Condes. La mayoría ha fallecido y sus departamentos han sido arrendados por personas jóvenes que valoran la ubicación y la estructura de estas construcciones. Es el caso de Nara Back.
Nara es hija de padres coreanos pero nació en Chile hace 20 años. Estudia diseño de imagen y estilo y trabaja como animadora de un programa en un canal de cable. Cuando para en su casa, porque además es modelo y cantante, sólo espera tener tranquilidad para descansar o jugar Wii con su pololo. Sin embargo, con frecuencia tiene que atravesar multitudes eufóricas, con su bicicleta blanca a un lado, hasta llegar a la puerta de su edificio. “¡No sé por qué todo tiene que pasar siempre aquí! ¿Qué pensaría toda esa gente si yo fuera a celebrar o reclamar frente a sus casas?”, se queja no muy en serio. Nara sospecha una carencia de alegrías reales en esa gente que festeja los triunfos deportivos: “¡A veces celebran los empates, poh! o unas victorias mínimas con países que son más malos que Chile. Claramente faltan motivos de celebración acá”. A Nara le gusta vivir en los Turri, aunque le robaron una bicimoto y una bicicleta, incluso con el “boche” del fútbol y las protestas. En la puerta de su departamento están inscritos en una placa de bronce los apellidos de la primera familia que lo ocupó, su pieza es tan amplia que puede ensayar con su banda sin problemas y el ascensor parece salido de una película francesa; son los beneficios de vivir en una construcción tan antigua, y que para ella son “impagables”.
Al principio se llamaba Plaza Serena, luego se llamó Plaza Colón y mas tarde Plaza Baquedano, pero desde 1910, con la inauguración del monumento de los italianos, comenzó a ser conocida como Plaza Italia. Los edificios que tiene justo en frente fueron construidos en 1931 por Enrique Turri con un diseño de Domingo Schneider. Enrique Klein, administrador de los Turri y vecino por más de 50 años, recuerda los comienzos del barrio: “Antes Santiago llegaba hasta aquí no más. Después se extendió hacia arriba. Yo alcancé a ver eso. El parque Bustamante era la línea del tren”. Llegó al edificio en el año ’56, pero incluso antes visitaba a una pariente en los Turri: “Yo venía desde chico para acá a andar en ascensor. Éste fue el primer edificio en Chile que tuvo ascensores y calefacción”. En los tiempos del restaurán Oriente y el Teatro Baquedano eran todo un lujo.

2 comentarios:
Gran texto. Felicitaciones.
Es como leer Gay Talese en persona...
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