09 julio, 2009

It’s Britney, bitch!













En realidad no es Britney, es su doble oficial. Andrea Alejandra Fuentes Hills nació en Valparaíso ocho días antes de que Britney Jean Spears lo hiciera en Mississippi. En los diez años que lleva imitándola ha visto desaparecer a las otras dobles y se ha consagrado como la oficial. No porque lo diga ella. Se lo demuestran los fans y el hecho de que el mismísimo director creativo de Britney la escogiera como la más parecida.



Para la mayoría de la gente es difícil precisar el punto en que sus vidas tomaron la dirección que tienen ahora. Y si llegan a definir ese momento, normalmente se refieren a la carrera que estudiaron, la ciudad a la que se trasladaron o a la persona con quien entablaron una relación permanente. La vida de Andrea Fuentes cambió por una canción pop.
Eso fue hace diez años. Andrea estaba en cuarto medio y se pasaba las tardes, después del colegio, frente al televisor, con el control del videograbador en la mano, atenta a cualquier aparición de los Backstreet Boys para apretar rec. Así se enteró del millón de pesos que ofrecía Extra Jóvenes a la chica que imitara mejor a una cantante nueva, una tal Britney Spears, en su primer video.
A Andrea le caía pésimo esa cantante nueva, muy mal: “Encontraba patética a esa niñita vestida de escolar. La encontraba cínica, como que trataba de vender un personaje”. Pero por un millón de pesos le hizo a Britney un espacio en sus videocasetes y se repitió “Baby one more time” hasta que dominó todos los pasos. En su casa del Cerro Las Monjas, se los enseñaba a sus amigas. “Show me, how you want it to be”, y todas seguían a Andrea llevándose las manos al pecho, “Tell me, baby, ‘cause I need to know now”, y movían las caderas con los brazos extendidos, “Oh, because…” Andrea siempre al frente.

Como que igual te parecís le dijo una de ellas en pleno baile.

¡Ay, noooo! ¡No me digan eso!

Nunca llegó a participar en el concurso. Cuando volvió de sus vacaciones ya habían elegido una ganadora. Sin embargo, aun con el premio en manos de otra, se sorprendió a sí misma grabando entrevistas y presentaciones en vivo de la cantante nueva. ¿Qué le pasaba? Aún más le costaba explicarse por qué un día, a comienzos de 2000, marcó el número que encontró en las páginas de la revista TV Grama y se hizo miembro del fan club de Britney Spears. “No se por qué, llamé y me inscribí. Fui a reuniones ¡y aquí estoy poh!”, relata entre risas.

¿Y dónde está Andrea?

Después de 10 años de dedicación exclusiva, Andrea, o Nea Spears -nombre que usa en sus presentaciones- es la doble definitiva de Britney en nuestro país, la única que resistió la debacle y continua tras el resurgimiento de la cantante norteamericana. Los fans más acérrimos la respetan y la quieren: “la Nea hace todo por el amor que siente por Britney y se esfuerza al máximo por ser la mejor. Se preocupa hasta por el más mínimo detalle de sus trajes y del maquillaje. Los fans saben que todo lo que hace, lo hace con el corazón, y que se desvive por ser lo más parecida posible”.

Por supuesto, Nea tiene también detractores. Hay quienes opinan que no se parece, que no baila bien, que se mueve poco. Ella lo asume todo: “De hecho no me gusta mucho bailar, lo hago por Britney”.

El vestuario es otra cosa, “ese es el plus de la Nea”, señala su amiga y manager, Carla. “Los trajes no le quedan parecidos, le quedan iguales. Los fans aprecian eso”. Es tan así que la doble de Inglaterra le quiso comprar los trajes que ya no usa y un cantante en Estados Unidos le encargó versiones masculinas de sus trajes más logrados para el show tributo que prepara. “Cosas que se le ocurren a la gente”, comenta encogiéndose de hombros.

Chaquetas, corsés, hotpants, leggins, los cose todos ella misma con ayuda de su abuelita; lentejuela por lentejuela, remache por remache, hasta conseguir la replica exacta del que usó Britney. “Que me digan que mi traje es igual es lo más gratificante, porque lo hago, me cuesta, rabeo. Me agarro casi de las mechas con mi abuelita… ‘¡no era así!’, pero después queda bonito y nos reconciliamos”.

El efecto que produce Nea en sus presentaciones es similar al de los viejos pascueros en los malls: “Todos saben que no soy Britney. YO SÉ que no soy Britney. Estamos todos claros en eso, pero se arma una fantasía a la que jugamos todos”. Si descuidara algún detalle, como el color de su pelo, la fantasía se desmoronaría y sería como un viejo pascuero joven, con barba de algodón. “Los chiquillos (su staff) me dicen Jesús porque los niños vienen a mí. No sé por qué. Cuando bailo en colegios o eventos para niños, termino rodeada de cabros chicos, con guaguas en los brazos”, se ríe.“Es algo con el pelo. Yo creo que es eso, porque todos me tocan el pelo. Me abrazan y me tocan el pelo, me dicen: ‘uy que lindo tu pelo’”

Desde el escenario, no es mucho lo que puede distinguir, solo la primera y segunda fila, donde se ubican siempre los más eufóricos: “¡Unas caras que ponen!”, busca la mirada de Carla para que confirme sus palabras. “En el ultimo show que hice en (Club) Miel, yo me acercaba a la parte de adelante y había una gordita que gritaba y saltaba de una forma… yo le hacia señas y más saltaba y gritaba”. Una de las cosas que más disfruta Nea es pasearse por la pista después del show, la gente se acerca a saludar y a tomarse fotos con ella.“No te vai a esconder, si al final son ellos los que gritaron por ti, los que te fueron a ver”.

En algún momento existieron también una Vale, una Rosa y una Caty Spears. Nea las apoyó a todas, les dio consejos y les prestó trajes. Hoy, Caty es doble de Lady Gaga, las demás desaparecieron. No quedó espacio para otra Britney chilena después de que Nea ganó el concurso de una revista norteamericana.

En octubre de 2007, Andrea y su manager se enteraban a través de www.britneyspears.com que la revista US Magazine buscaba a la más parecida a Britney. Había que enviar una foto; ¡excelente!, tenían de sobra. Las participantes tenían que encontrarse en territorio estadounidense; ¡mal!, Andrea vivía en un cerro de Valparaíso. Comenzaban a resignarse cuando se acordaron de Juani, un amigo que pasaba seis meses de cada año en Estados Unidos. Juani no tuvo inconveniente en que dieran su dirección y numero de teléfono en New Jersey. Tres semanas más tarde, una llamada interrumpía un ensayo de Nea y su grupo de baile: “¡Conéctate, conéctate a MSN! Estás en una página gringa. Hay una foto tuya. ¡No entiendo nada!”. Corrió a su computador, ahí estaba su foto: había ganado.

El mismísimo director creativo, a cargo del arte de todos los discos de Britney, estaba tan impresionado por Andrea Fuentes, supuestamente de New Jersey, que la declaró primer lugar. Y ese honor es para ella mucho más valioso que el millón que no ganó en Extra Jóvenes. Lo más importante para Andrea es que el triunfo en ese concurso abrió la posibilidad de que Britney la haya visto: “la mitad de mis amigos me dicen que están seguros de que me conoce, la otra me lo dice igual, para dejarme tranquila”.

Su manager se encargó de que los medios en Chile se enteraran. El primero en cubrir la noticia fue La Estrella de Valparaíso, que la puso en portada. Le siguió Terra, Publimetro, Las Últimas Noticias, La Cuarta, La Tercera y El Mercurio. Desde Santiago la invitaron al matinal de Canal 13 y a SQP. Sólo declinó la invitación de El Diario de Eva porque querían fabricar una supuesta pelea entre ella y su abuelita. Después de toda esa difusión, los ofrecimientos para shows le llovieron y cada vez que Britney hace noticia la llaman para conocer su opinión.

Hoy es sábado 4 de julio y la verdadera Britney abre, con el pelo castaño, la segunda parte de su tour “Circus Starring Britney Spears” en Paris. En Valparaíso, Andrea está frente a su computador atenta a todos los sitios y foros de fans, esperando ver fotos de la presentación que terminó hace minutos.

¡Cambió un vestuario!­ le comenta Carla.

Tendremos que cambiarlo nosotros también­ le responde Andrea resignada ­pero no me pienso teñir el pelo oscuro. Seré la Britney antigua no más.






02 julio, 2009

Plaza Italia: el agitado corazón de Santiago

Hoy nos parece natural, pero no siempre fue así. Aunque es difícil precisar el momento, los testigos coinciden en que la costumbre se estableció con la democracia recuperada, a fines de los ‘80s. Desde entonces la Plaza Italia se ha convertido en la zona en que se manifiestan todas las alegrías y frustraciones de los chilenos.


En abril del 2008, 15 mil personas marchaban exigiendo su “libertad de decidir” respecto al uso de la píldora del día después. Un mes más tarde, 50 personas disfrazadas de animales realizaban una performance por el rescate de sus “hermanos menores” de Chaitén. El primer día del 2009, alrededor de 300 miembros de la comunidad palestina en Chile repudiaron, con carteles y gritos, los ataques del ejército israelí en la Franja de Gaza. A comienzos de marzo, un grupo de 15 neonazis encendió velas, formando una svástica, en memoria de su compañero asesinado el 2007. Hace dos semanas, más de 3 mil personas festejaron el triunfo por goleada de Chile sobre Bolivia. Exigiendo, repudiando, rememorando o festejando, todas esas personas, de “más arriba” y de “más abajo”, llegaron hasta la Plaza Italia.

Matías Sagredo estudia educación diferencial en el Pedagógico y es el presidente de la Red de Estudiantes por la Asamblea Constituyente. Su lucha lo tiene esta mañana liderando una manifestación de alrededor de 300 participantes. Se trata de estudiantes secundarios, universitarios y apoderados, convocados en Plaza Italia para reclamar su “derecho a la educación pública estatal”. Pero, ¿por qué aquí? ¿Por qué no frente a la Moneda o al ministerio? Matías parpadea e improvisa una respuesta: “Eh… acá somos más visibles. Frente a la Moneda nos reprimirían rápidamente. Acá tenemos más posibilidades de escapar si algo sale mal”. Matías se ríe y señala los carros lanza agua, estacionados pero amenazantes.

Y no es raro que las cosas salgan mal. Desde su quiosco, a la salida del metro Baquedano, Fernando Araya lo ha visto suceder cientos de veces. En los años que lleva atendiendo el negocio -que antes fue de su padre- ha aprendido a reconocer el peligro y sabe perfectamente cuando es mejor enterarse de lo que pasó por la televisión, desde su casa. Recuerda la primera vez que se vio en el medio de una protesta. Eran los últimos años del gobierno militar y Fernando vendía fruta en lugar de diarios. “Debe haber sido el año ‘86. Estaba Arriagada, un demócrata cristiano. Él hizo un “sitting” acá en la avenida, se sentaron y entorpecieron el tránsito. Cuaaando aparece el guanaco y me moja ¡pero toda la fruta! Y era agua del río, ¿ah?. Menos mal que los plátanos tienen cáscara”, relata entre risas.


El espectáculo desde los Turri

No importa por quien vote en diciembre, la señora Alicia estará en las celebraciones del candidato ganador aunque no sea el suyo. Ella vive en los edificios Turri, justo en frente del monumento al General Baquedano.

La señora Alicia Núñez tiene 74 años y es la presidenta del comité de administración de los edificios más característicos de Plaza Italia. Llegó con su madre y un tío en el año ‘66. “En ese tiempo no habían estas cosas. No había este fútbol loco y tantas protestas que hay ahora”, cuenta. Aún le causa risa recordar cuando tuvieron que sacar a su tío, un señor muy “compuesto y formal”, de la fosa del metro en construcción: “Venía de tomarse unos tragos y se cayó. El pobre subió todo entierrado y más encima le llegó un tremendo reto de su hermana”.

Coincide en que las manifestaciones comenzaron después del gobierno de Pinochet. Desde la ventana de su dormitorio señala el punto exacto donde estaba el militar que la apuntó cuando ella se asomó con unos binoculares, pocos días después del golpe: “¡Casi me dio ataque! Entonces empecé a bajarlos lentamente, los anteojos. Esa fue mi reacción, lentamente y cerré la ventana”.

A la señora Alicia ya no la perturban las batucadas y los cantos de las barras. Es una mujer alegre que escucha música romántica, en su departamento lleno de libros y fotografías antiguas, y con una vida social activa. Hace un par de años, sus amistades la traían en auto de una salida, cuando se encontraron con los “azules” festejando y gritando “como malos de la cabeza”. “Se tiraron encima del auto y me hacían así por el vidrio –mueve las manos como saludando- y yo quede mirándolos no más -se apoya contra el respaldo sonriendo con los ojos bien abiertos-”. Bajó del auto sin problemas y subió rápidamente a su departamento en el octavo piso. Desde ahí vio como el guanaco barría con los hinchas sobre el capó del auto de sus amigos. La ataca la risa: “Se le habían subido para festejar ¡Se tiraban como pescados! No le hicieron nada, pero el chorro le lavó todo el auto”.


Los nuevos vecinos

Los propietarios de los Turri compraron sus departamentos a la Caja de Previsión de Empleados Particulares hace más de 50 años. Muchos de ellos se cambiaron cuando “el barrio alto” se trasladó más arriba, hacia Providencia y Las Condes. La mayoría ha fallecido y sus departamentos han sido arrendados por personas jóvenes que valoran la ubicación y la estructura de estas construcciones. Es el caso de Nara Back.

Nara es hija de padres coreanos pero nació en Chile hace 20 años. Estudia diseño de imagen y estilo y trabaja como animadora de un programa en un canal de cable. Cuando para en su casa, porque además es modelo y cantante, sólo espera tener tranquilidad para descansar o jugar Wii con su pololo. Sin embargo, con frecuencia tiene que atravesar multitudes eufóricas, con su bicicleta blanca a un lado, hasta llegar a la puerta de su edificio. “¡No sé por qué todo tiene que pasar siempre aquí! ¿Qué pensaría toda esa gente si yo fuera a celebrar o reclamar frente a sus casas?”, se queja no muy en serio. Nara sospecha una carencia de alegrías reales en esa gente que festeja los triunfos deportivos: “¡A veces celebran los empates, poh! o unas victorias mínimas con países que son más malos que Chile. Claramente faltan motivos de celebración acá”. A Nara le gusta vivir en los Turri, aunque le robaron una bicimoto y una bicicleta, incluso con el “boche” del fútbol y las protestas. En la puerta de su departamento están inscritos en una placa de bronce los apellidos de la primera familia que lo ocupó, su pieza es tan amplia que puede ensayar con su banda sin problemas y el ascensor parece salido de una película francesa; son los beneficios de vivir en una construcción tan antigua, y que para ella son “impagables”.


Yo venía a andar en ascensor

Al principio se llamaba Plaza Serena, luego se llamó Plaza Colón y mas tarde Plaza Baquedano, pero desde 1910, con la inauguración del monumento de los italianos, comenzó a ser conocida como Plaza Italia. Los edificios que tiene justo en frente fueron construidos en 1931 por Enrique Turri con un diseño de Domingo Schneider. Enrique Klein, administrador de los Turri y vecino por más de 50 años, recuerda los comienzos del barrio: “Antes Santiago llegaba hasta aquí no más. Después se extendió hacia arriba. Yo alcancé a ver eso. El parque Bustamante era la línea del tren”. Llegó al edificio en el año ’56, pero incluso antes visitaba a una pariente en los Turri: “Yo venía desde chico para acá a andar en ascensor. Éste fue el primer edificio en Chile que tuvo ascensores y calefacción”. En los tiempos del restaurán Oriente y el Teatro Baquedano eran todo un lujo.